Vacaciones de ida y vuelta: divorcios, hijos y régimen de visitas.

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Vacaciones de ida y vuelta: divorcios, hijos y régimen de visitas.

Llegadas las vacaciones, suelen llegar el calor, la playa y los problemas de convivencia y por incumplimientos del régimen de visitas.

Las parejas rotas que, divorciadas o tras una unión de hecho, conviven con un régimen de visitas para relacionarse con sus hijos, son ya una parte natural de la sociedad. Pero el hecho de que sea algo normal, extendido y que forme parte de nuestro conglomerado social, no implica que esté exento de problemas e incidencias.

Estos regímenes de visitas no siempre están pensados según las características y peculiaridades de cada familia, o según sus necesidades; unas veces porque están cuasi estandarizados en las sentencias judiciales, otras, porque en los convenios “de mutuo acuerdo” se atiende incisivamente más a la igualdad y compensación de tiempos que a lo que verdaderamente conviene o no a una familia. Este afán desmedido de totalitarismo igualitario sin atender a las propias circunstancias familiares y sociales o, por otro lado, la estandarización salomónico judicial es lo que, llegada la puesta en práctica del documento rector de las vidas de uno y otro progenitores y de sus hijos, conlleva el sinfín de pequeños problemas de convivencia que culminan en la angustia, el desasosiego, la incertidumbre y, como no, en nuevos procedimientos judiciales para poder enmendar lo mal hecho. Como si la vía judicial fuera una solución en sí misma, en lugar de un instrumento para alcanzar la buena convivencia.

Las vacaciones de ida y vuelta son las de las quincenas con cada progenitor, y viceversa, como el afamado programa televisivo, o por semanas o meses completos, pero por igual, que sino me quitan el derecho.  Son el periodo del año en que los hijos más acusan su situación de ruptura familiar. Y no debemos dejarnos llevar por la falsa apariencia de suma madurez de algunos, o por la aparente buena integración en la nueva familia, la formada por la pareja e hijos del padre o madre con quien le toque. Y es que a veces, el mayor daño se encuentra en lenguaje que se emplea para exponer estos conflictos. En estas vacaciones de ida y vuelta, y con la hiperconectividad móvil que nos impide desconectar, lo que antes era una simple y agria conversación para tratar el tema niños y verano, ahora se convierte en un largo y pesado periplo de whatsapps, notas de voz, sms, privados en Facebook y un sinfín de medios que hacen interminable e imposible poner fin a tantos problemas de convivencia. Y digo que el daño se encuentra en el lenguaje, porque con el empleo sistemático de términos como “tenías que haberlo recogido a tal hora…”, “me toca a mí” o el peor aún “te tocaba a ti”, los hijos se van cosificando, y se va germinando un sentimiento de estorbo, de culpa, de mochila pendulona, que con el paso del tiempo es difícil de hacer desaparecer. Y la incidencia de la hiperconectividad también lo agrava, lo que antes era un problema de 2, discutido por 2, y al cabo de un rato tema zanjado por 2, ahora se convierte en un radiar la película, en un mira lo que me ha hecho, en un qué te parece cómo me ha traído al niño sin bañar, y en un yo que tú ….. y ahí llegan los peligros peores. En los yo que tú de los demás.

Parte de los problemas que se suscitan en las vacaciones de ida y vuelta radican en malos convenios reguladores, o en malas sentencias judiciales. Soy un firme detractor de la estandarización en los regímenes de visitas, porque no trae nada bueno, porque no se hacen familias en serie ni estándar. Cada familia es especial y peculiar y merece un estudio pormenorizado de sus circunstancia. Debemos esforzarnos en llegar a acuerdos razonables en los convenios reguladores. Acuerdos que estén por encima de la mera igualdad por la igualdad. Aunque la igualdad en derechos es algo que debe conseguirse en ambos sexos en los asuntos de familia, y aún queda mucho camino por recorrer, ello no debe abocarnos a igualar situaciones que no son iguales. A veces, por ejemplo, las parejas tienen unos horarios difícilmente compatibles, que llevan irremediablemente a una desigualdad. Tratar estas situaciones desiguales con igualdad en tiempos y estancias con los hijos no es el camino, puesto que llevará más tarde a una imposibilidad de cumplimiento y a problemas de convivencia. Problemas que son en parte generados por quienes deberían haberlo previsto; principalmente los padres, y en segundo lugar, los abogados.

Se trata de conseguir lo máximo a lo que se pueda aspirar en unas concretas circunstancias. Éstas serán las que marquen no el tope máximo, puesto que siempre puede aspirarse a mas, sino el equilibrio razonable de la convivencia pacífica. Si se trabaja el convenio regulador como un instrumento de convivencia a largo plazo, desde el prisma de lo razonable, desde el prisma de los hijos y las concesiones, podremos conseguir evitar muchos problemas en estas vacaciones de ida y vuelta. Sobre todo porque, al no hacerlo, ya se están dejando  sentadas las bases para que parte de esos problemas salgan a flote a la primera de cambios.

Creemos en nuestra capacidad de asesorar y defender los intereses particulares de cada familia, y ello conlleva aplicar nuestra experiencia para prever problemas y construir unas normas de convivencia razonables y de cumplimiento viable.

Gabriel Ramos, Socio de LBO Abogados.

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